
Pasado algunas semanas del estreno mundial de “Harry Potter y la Orden del Fénix”, me dirigí a ver la película como cualquier entusiasta fanático de la saga del joven mago. Calificar de mala la película es algo muy exagerado, pero determinar una frase que encierre todo lo que signifique este trabajo, lo llamaría como decepcionante. Las dos últimas entregas fílmicas de la Warner Brothers, “El Prisionero de Azkaban” y “El Cáliz de Fuego”, fueron geniales, a tal punto que me compre las versiones originales (eso que abunda la piratería), no se si cada director deja una huella en cada película que dirige, pero en esta versión no se respeta los datos contundentes que se inspira en el libro, para citar algunas debilidades en el film: Ron y Hermione son asignados prefectos en Howarts, que en la película no se menciona en ningún momento.La conversación de Harry con el cuadro de la mama de Sirius en la casa de los Black, es sacado del largometraje. Como a lo largo de las películas no se mostró para nada el ya popular torneo del quidditch, ni la expulsión de Harry por la ya entonces Directora de Howarts, Dolores Umbrige. Y ese beso inventado por los productores del film entre Harry y Cho, totalmente innecesario para la temático del mundo mágico. Quizás lo único relevante sea la batalla fugaz de Albus Dumbledore, con el innombrable Lord Voldemort. La película no es mala, pero las anteriores la superan en forma extravagante, y el director este tal David Yates, tiene un estilo sobrio pero a la ves aburrido que cambian el estilo bien trabajo de las otras películas. Hay muchas líneas que se han expectorado en la cinta, pero la magia se pierde cuando no se toma el interés del caso en poner a nuestros ojos un producto de buena calidad. Ojala que en la siguiente película se tapen los huecos dejados por esta. Por: R. Brian Muñoz Castillo